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Las cifras están mejorando. Los bosques siguen desapareciendo.

Por Deepti Saksena

Sentado en una sala de conferencias en Ámsterdam este mes de junio, tuve la clara sensación de estar en un tren muy rápido. En el evento sobre clima del Foro de Innovación, celebrado los días 16 y 17 de junio, en todos los paneles se trató el mismo tema: los estándares y reglamentaciones sobre sostenibilidad son cada vez más complejas, detalladas y rigurosas. En general, esto es una buena noticia. Son precisamente los estándares más estrictos los que permiten que una declaración sobre eliminación de carbono tenga significado y no sea simplemente una palabra vacía.

Pero siempre hay un “pero”. Y el “pero” que recurría una y otra vez en mi mente era este: ¿Acaso estamos dedicando tanta energía a que los números cierren que hemos perdido de vista la acción en sí misma?
 

La trampa de la medición

Cada vez se destina más esfuerzo institucional a la contabilidad: verificar, divulgar, estar en línea con la última guía. Todo esto es importante. Nada de esto, por sí solo, reduce ni una sola tonelada de emisiones en la práctica. No podemos darnos el lujo de esperar a que se publique el próximo estándar antes de actuar. El clima no se detiene mientras perfeccionamos nuestra metodología.

Esta tensión se cristalizó para mí alrededor de un término que surgió repetidas veces en Ámsterdam: mitigación más allá de la cadena de valor. Es una frase que suena técnica para una idea simple y urgente: ya no basta con reducir las emisiones dentro de nuestra propia cadena de abastecimiento. Las empresas y los países también deben invertir en la reducción y la eliminación de emisiones fuera de sus cadenas de valor directas, ya que las crisis que intentamos resolver —entre las que se destaca la deforestación— no respetan los límites de un inventario corporativo de carbono.
 

Lo que vi en Rokan Hulu

Mi reflexión al respecto se agudizó considerablemente tras pasar una semana con pequeños productores de aceite de palma en Rokan Hulu, Indonesia, poco antes del foro. Se trata de productores que están recibiendo capacitación para mejorar las condiciones ambientales y sociales en sus tierras, incluyendo prácticas de mitigación climática. Algunos han llegado al punto de cultivar  palma aceitera sin utilizar  fertilizantes sintéticos —un logro genuino y un recordatorio de que la palma aceitera, tan eficiente en el uso de la tierra en comparación con otras oleaginosas, puede producirse de manera mucho más responsable de lo que sugiere su reputación.

Y, sin embargo, persiste un problema devastador: la demanda mundial de aceite vegetal sigue impulsando la deforestación, incluso en aquellos casos en que los grandes compradores cuentan, en teoría, con políticas contra la deforestación. 

Los estudios muestran que el cambio en el uso de la tierra representa más del 90 % de las emisiones totales derivadas de la producción de cultivos oleaginosos. Este no es un factor marginal que se pueda compensar en otro lado: es la cifra principal. Si la política de una empresa detiene la deforestación en sus propias plantaciones, pero el sistema en general sigue talando bosques para satisfacer la demanda, la política ha tenido éxito y el planeta aún así ha salido perdiendo. ¿Por qué sigue sucediendo esto a pesar de las buenas intenciones?  Porque las políticas que carecen de una trazabilidad completa y de un compromiso sobre el terreno son promesas, no evidencias. Un cambio real requiere que los compradores exijan trazabilidad hasta la parcela de tierra y que trabajen con productores, organismos de la industria y coaliciones intersectoriales que puedan verificar lo que realmente está sucediendo en el campo —no solo lo que se indica en un cuestionario para proveedores.

Fuga: el problema que se esconde detrás de las buenas noticias

Incluso las empresas que hacen esto bien pueden causar daño inadvertidamente en otros lugares, a través de un mecanismo que la industria denomina «fuga». Si se presiona por mayores rendimientos para evitar la tala de nuevas tierras, se corre el riesgo de monocultivos y pérdida de biodiversidad. Si se endurecen los propios estándares de abastecimiento, los proveedores a los que se les deja de comprar no desaparecen: le venden a otro. Si ese otro tiene una trazabilidad más débil y requisitos menos estrictos para combatir la deforestación, el bosque se talará de todos modos; las emisiones simplemente se trasladan a un comprador con estándares más bajos. Una empresa puede alcanzar el cero neto en los papeles, mientras que el sistema global en el que opera sigue perdiendo bosques.

Es precisamente por eso que la ambición individual de las empresas, por más sincera que sea, no es suficiente. El estándar recientemente publicado sobre El Sector Terrestre y las Remociones es un paso esperado hacia requisitos contundentes y rigurosos en todos los ámbitos. Pero la calidad de un estándar depende de la trazabilidad y la verificación que la respalden, sobre el terreno. Lo que está escrito en las normas y la presencia en el terreno deben ir de la mano.

Dónde reside realmente la influencia

El sector financiero tiene un papel fundamental que desempeñar en este sentido, y no solo a través de requisitos excluyentes. Hacer que el abastecimiento de productos libres de deforestación sea una condición ineludible para el financiamiento es importante, pero también lo es incentivar activamente los esfuerzos que van más allá de una sola cadena de valor: financiar iniciativas jurisdiccionales y relacionadas con el paisaje que protejan regiones enteras, no solo las parcelas que una sola empresa compre.

En última instancia, tanto los países como las empresas deben cambiar su marco de referencia. El objetivo no puede ser simplemente «que mi cadena de valor alcance el cero neto». Debe ser «que los paisajes y las naciones de los que dependo sigan cubiertos de bosques». Esa es una ambición más grande, más difícil y más colectiva —y es la única que realmente se ajusta a la magnitud del problema.

El tren regulatorio avanza rápido, y debe seguir avanzando. Pero la velocidad en los papeles significa poco si las motosierras en el terreno tampoco se detienen. Es urgente. Es imperativo.

 

 

Fotos cortesía de: Rokan Hulu project/Preferred by Nature
 

¿De qué manera Preferred by Nature apoya las acciones climáticas y forestales? 

Convertir los compromisos climáticos y  la lucha contra la deforestación en resultados significativos requiere más que la presentación de informes y el cumplimiento normativo. Preferred by Nature ayuda a las organizaciones a pasar de la ambición a la implementación a través de la certificación, el desarrollo de capacidades y servicios de asesoría personalizados. Ya sea que el objetivo es fortalecer la trazabilidad, reducir el riesgo de deforestación, impulsar la acción climática o demostrar un progreso creíble, acompañamos a las organizaciones en cada etapa de su camino hacia la sustentabilidad.

Nuestros servicios incluyen: 

  • Desarrollar estrategias climáticas, forestales y de abastecimiento responsable en línea con los requisitos regulatorios, los enfoques basados en la ciencia y los marcos de sustentabilidad más destacados.
  • Fortalecer los sistemas de trazabilidad y diligencia debida para identificar, gestionar y mitigar los riesgos de deforestación en todas las cadenas de abastecimiento. 
  • Desarrollar las capacidades de proveedores y productores, incluyendo el apoyo a los pequeños agricultores para que adopten prácticas más sostenibles y resilientes al cambio climático. 
  • Respaldar la implementación de la acción climática a través de la contabilidad de gases de efecto invernadero (GEI), estrategias de reducción de emisiones e iniciativas relacionadas con el paisaje que aborden las causas fundamentales de la deforestación. 
  • Brindar servicios de certificación y aseguramiento independiente a través del Marco de Sostenibilidad de Preferred by Nature y otros programas de certificación que ayudan a demostrar el abastecimiento responsable, la trazabilidad y la gestión sostenible de la tierra. 

     

Contáctenos para explorar cómo podemos ayudarlo a avanzar en sus objetivos climáticos y forestales.


 

Contributors:

Linda Høibye
Global Lead for Climate & Carbon Advisory
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