Por qué el arroz merece un lugar en el debate mundial sobre la sostenibilidad
El arroz alimenta a miles de millones de personas, pero sigueteniendo un lugar secundario en los debates mundiales sobre sostenibilidad. A medida que se intensifican las presiones climáticas y crece la necesidad de una acción coordinada, es hora de ubicar al arroz en el centro del debate.
Cuando más de 300 personas de 23 países se reunieron recientemente en Yakarta -investigadores, funcionarios de gobierno, molineros, comerciantes, agricultores y representantes de la sociedad civil- se produjo una señal importante: el debate sobre el arroz sostenible por fin está cobrando impulso. Para un cultivo del que dependen miles de millones de personas cada día, es importante que esto ocurra.
El arroz siempre ha sido fundamental para la seguridad alimentaria, la cultura y los medios de vida, especialmente en Asia y África. Sin embargo, rara vez recibe la misma atención mundial que otros productos como la soja, el aceite de palma o la carne vacuna. Su gran familiaridad a menudo lo hace invisible. Pero el arroz se enfrenta ahora a presiones que lo hacen imposible de ignorar. El cambio climático está alterando las condiciones de cultivo más rápido de lo que muchos agricultores pueden adaptarse. Las sequías duran más, las inundaciones son más intensas y los patrones de lluvia son cada vez más difíciles de predecir. A esto se suma que los arrozales consumen más agua dulce que cualquier otro sistema agrícola y generan gases de efecto invernadero a un nivel que sorprende , equiparable al de la aviación mundial.
«El problema no es la falta de soluciones, sino asegurarse de que lleguenquienes las necesitan».
Estos retos son importantes, pero no insuperables. De hecho, el arroz ofrece la oportunidad de lograr avances significativos en materia de sostenibilidad en un plazo relativamente corto. Las prácticas necesarias para reducir las emisiones, conservar el agua y mejorar la resiliencia ya existen. La alternancia de riego húmedo y seco (AWD, por sus siglas en inglés), por ejemplo, es una técnica sencilla de gestión del agua que ha demostrado sistemáticamente que puede reducir las emisiones de metano y ahorrar agua. También han demostrado su eficacia las variedades de semillas mejoradas, la mejor gestión del suelo y la aplicación más eficiente de nutrientes. El problema no es la falta de conocimientos, sino la dificultad de garantizar que esos conocimientos sean accesibles, prácticos y respaldados por el sistema en general.
Conectar la ciencia, las políticas y los agricultores
En mi trabajo en diferentes regiones productoras de arroz, he visto cómo la investigación, la política y la agricultura suelen funcionar de forma independiente. Los investigadores generan pruebas sólidas y desarrollan innovaciones prometedoras, pero estos avances no siempre llegan a los agricultores en una forma utilizable. Los responsables políticos desarrollan programas con buenas intenciones, pero su aplicación puede retrasarse si no se cuenta con el apoyo suficiente sobre el terreno. Y los agricultores, que son los que más se benefician de las prácticas sostenibles, pueden no tener la capacidad financiera o técnica para realizar cambios por sí mismos.
Cuando se saldan estas diferencias, el impacto puede ser considerable. Un buen ejemplo es el Proyecto Low Carbon Rice (LCRP), apoyado por el programa SWITCH-Asia de la UE. En esta iniciativa, los agricultores, los molineros, los investigadores y los responsables políticos trabajaron juntos desde el principio. Los agricultores probaron nuevas prácticas con orientación científica. Los molineros aportaron información sobre el mercado. Los responsables políticos participaron en debates basados en datos empíricos sobre el terreno. Esta colaboración contribuyó a garantizar que las mejoras no solo fueran técnicamente sólidas, sino también prácticas y económicamente eficientes. Demostró lo que se puede conseguir cuando las diferentes partes de la cadena de valor avanzan en la misma dirección.
Sin embargo, el sector arrocero en general sigue estando fragmentado. En todo el mundo, los gobiernos, los investigadores, las organizaciones de la sociedad civil y las empresas suelen trabajar en la sostenibilidad del arroz, pero sus esfuerzos rara vez están coordinados. Esta falta de coordinación ralentiza el progreso y dificulta la ampliación de los enfoques exitosos.
Una nueva plataforma para la colaboración
Esta es una de las razones por las que cabe destacar la creación del Foro Internacional sobre el Arroz Sostenible (ISRF). El primer ISRF ofrece una nueva plataforma para reunir a los diversos actores que influyen en el sector arrocero. Su objetivo es crear un espacio para el aprendizaje compartido, reducir la duplicación de esfuerzos y ayudar a los socios a identificar en qué aspectos su trabajo puede complementarse. Aunque aún se encuentra en una primera etapa, el ISRF representa un paso hacia el tipo de colaboración que podría ayudar al sector a pasar de proyectos individuales a un progreso más amplio y coherente.
No obstante, cualquier estrategia para el arroz sostenible debe comenzar por los agricultores. Ellos gestionan los paisajes de los que depende la seguridad alimentaria mundial y se enfrentan a las consecuencias inmediatas de la inestabilidad climática. El arroz sostenible no puede diseñarse sin su participación. Sus conocimientos, experiencia y limitaciones deben determinar la forma en que se aplican las soluciones. Cuando los agricultores participan en el desarrollo de nuevos enfoques, es mucho más probable que estos se adopten, y los beneficios van más allá de las ganancias medioambientales, ya que se traducen en una mejora de los ingresos y la estabilidad.
El arroz tiene una importancia que va mucho más allá de los lugares donde se cultiva. Estabiliza las economías, influye en los flujos comerciales y sigue siendo una necesidad diaria para miles de millones de personas. Su relación con el cambio climático, tanto contribuyendo a él como experimentando sus consecuencias, significa que lo que ocurra en los arrozales afectará cada vez más a la resiliencia mundial. A medida que aumentan las presiones, el sector necesitará esfuerzos coordinados, prácticos y fundamentados para adaptarse.
El mundo está empezando a reconocerlo. Las herramientas y las prácticas están disponibles, y ya se están llevando a cabo colaboraciones prometedoras. Lo que se necesita ahora es un compromiso firme y colectivo: no declaraciones dramáticas, sino una alineación coherente entre la ciencia, las políticas y las prácticas agrícolas. Si tomamos ese camino, el sector arrocero puede volverse más resiliente, más eficiente y estar mejor preparado para los retos que se avecinan.
El arroz ha moldeado las sociedades durante siglos. Garantizar que siga siendo fiable en un clima cambiante es una de las tareas más importantes -y factibles- de la agricultura mundial actual.
La foto destacada muestra a agricultores de arroz trabajando en arrozales certificados por el SRP en Java Central, Indonesia
Foto de Kristian Buus para Preferred by Nature
Acerca del autor
Aadarsh Mohandas es el director regional de Preferred by Nature para el sur de Asia y responsable de la commodity arroz de la organización. Con sede en la India, supervisa las operaciones en toda la región del sur de Asia, gestiona las relaciones con los clientes clave y dirige las iniciativas de desarrollo del mercado. Aadarsh ha trabajado en Asia, África, Europa y América Latina en puestos relacionados con la consultoría, el mundo académico, proyectos de sostenibilidad y la certificación por terceros. Es formador público autorizado y auditor principal de la Plataforma del Arroz Sostenible (SRP, por sus siglas en inglés). Fue miembro del comité directivo del Proyecto Low Carbon Rice, apoyado por el programa SWITCH-Asia de la UE.
Más información sobre el trabajo de Preferred by Nature con el arroz sostenible.